sta fiesta constituye un evento folklórico y costumbrista excepcional. Diferenciándose de todas las poblaciones de su entorno, Paredes de Nava celebra sus fiestas mas principales no dedicadas a un Patrón, Virgen o cualquiera otro símbolo religioso. Las fiestas y ferias importantes que todos hemos heredado, reciben el peculiar nombre de: Los Novillos. Nombre que por otra parte, no debe de extrañar ya que son los toros los protagonistas incuestionables de estas celebraciones.

LOS NOVILLOS
El domingo siguiente a la festividad de Ntra. Sra. de Carejas, patrona de la villa, se celebran en Paredes de Nava sus fiestas más importantes y señaladas: Los Novillos. No hay noticias exactas del nacimiento y consolidación de estas fiestas, se sabe no obstante, que en el siglo XIV se celebraba unas fiesta sobre el 14 de septiembre (festividad de la Cruz), posiblemente asociada a la vendimia, y curiosamente en esa época no hay referencia alguna a la celebración de la Virgen de Carejas. No es descabellado, por tanto, deducir que los actuales Novillos tienen su originario nacimiento antes del siglo XIV y que bien pudiera ser un acto muy asociado a la vendimia que entonces revestía gran importancia en Paredes de Nava.

Otro aspecto a tener en cuenta es la denominación peculiar de Los Novillos, y aunque tampoco existe documentación conocida que nos permita aclarar el porqué de este nombre, no es aventurado suponer que los toros eran -y aun hoy lo siguen siendo- el eje de la fiesta y que de ahí le viene el sobrenombre de estas celebraciones. La importancia de las "corridas de toros" queda contrastada con la documentación que se conoce y con la denominación que se daba a la plaza mas importante de la villa "Corro de los Toros". No supone afirmaciones gratuitas el afirmar que es mas que probable que desde el siglo XV en Paredes de Nava se celebraban una serie de encierros. Tampoco consta de donde viene el nombre de "Benditos", que sin duda es un añadido posterior hecho por la Iglesia, en un intento de santificar una fiesta que en sus inicios debió de ser únicamente de carácter civil, cosa habitual en muchas de las fiestas que han llegado hasta nosotros.

A través del tiempo, evidentemente, la forma de celebrar estas fiestas ha ido evolucionando y adaptándose a medios y épocas. Esto no impide reconocer que en la actualidad la idiosincrasia de Los Novillos nada tiene que ver con el estilo personalísimo que estos tenían hace unos cuantos años. Así, Los Novillos, que tenían que haber sido declarados de interés turístico regional hace bastante tiempo, en la actualidad constituyen una fiesta vulgar y con un desarraigo creciente, donde se ha perdido la parte importante de su tradición.

La monotonía, la falta de imaginación, y las nefastas actuaciones de los encargados de dinamizar esta fiesta, han sido suficientes como para que una de las fiestas mas conocidas en la región haya perdido su tipismo, su arraigo y ese sello especial de Fiestas Populares y Tradicionales. Este año se recupera los "encierros", esperemos que sea el inicio del resurgir de la fiesta.

EL TORO
Desde tiempos inmemoriales, los toros y los pobladores de la península ibérica han evolucionado parejos y su existencia se ha ido entrecruzando, a través del crisol del tiempo. Desde los tiempos del Uro Ibérico, ancestro del actual toro de lidia, el hombre ibérico ha sentido una especial atracción por enfrentarse al animal mas noble y mas valiente de cuantos convivían con él. Durante siglos, vacceos, vetones, arévacos y otros pueblos utilizaron la fiereza de este animal para contraponerlo al inmenso poder militar de Roma. Dice un viejo dicho hispano: "mis arreos son las armas, mi descanso el pelear". Y por numerosos testimonios arqueológicos se sabe que los Íberos practicaban con afán lúdico carrera y acrobacias frente a los toros, como demostración palpable de arrojo y valor.

En Paredes de Nava, la fiestas con los toros están documentados desde muy antiguo, en el albor del siglo XV (1401), ya se recogen festejos taurinos, concretamente una "corrida de toros", con motivo de la llegada a la villa del don Fernando, señor de Paredes. Era el espectáculo más preciado: en la Plaza de Santa Eulalia se excavaba un "foso" y se hacía un "corro" de madera donde instalaban los espectadores y se levantaba un tablado, también de madera, donde se colocaban las autoridades. Los toros se traían a caballo y se introducían en la plaza. La lidia debía de consistir en perseguir a los toros a caballo lanzándoles lanzas y flechas hasta que morían.

Existen otras muchas confirmaciones del arraigo a los toros en Paredes de Nava, que han llegado hasta nuestros días, y así también en las fiestas actuales el toro sigue siendo el gran protagonista.

Merece una mención el peculiar encierro que durante siglos se celebró en Paredes de Nava: se encerraban los toros en el Corral de las Mulas (hoy Cuartel de la Guardia Civil), y a través de la Calle la Mota subían hasta la Plaza del Mercado y Corro de los Toros, para por la Calle de los Ginios bajar otra vez al Corral de las Mulas. La particularidad de este encierro consistía en que los mozos podían repetirlo cuantas veces consideraran necesario en función del "poco o mucho juego que diese el ganado". Esta joya desapareció en la segunda mitad del siglo XX y en los años ochenta ni se quiso ni se supo instaurar de nuevo para que Paredes de Nava siguiese contando con una tradición única y antiquísima.

"...Lejano queda el tiempo en el que la vacada, conducida por vaqueros y cabestros, era esperada en el campo abierto, a veces durante días, por los mozos paredeños para traer el ganado corriendo hasta "encerrar" en el Corral de la Mulas. En el decir de nuestros mayores, era tal la animación que había en los días precedentes a los Novillos, que ocho días antes ya eran fiestas..."

"...La construían[la plaza de toros] los albañiles de la localidad, frente al antiguo Ayuntamiento [desaparecido edificio de correos] y desde sus balcones la Corporación presidía los festejos. Cada uno de estos albañiles levantaba el trozo de plaza que previo sorteo le había caído en suerte. Era el típico coso de madera, rústico pero seguro; los trabajos terminaban con la supervisión de un especialista o arquitecto. Al terminar las fiestas los albañiles se repartían lo recaudado a partes iguales. Los empresarios de los festejos taurinos eran, por lo general, los dueños de los cafés, ayudados por los comerciantes..."

LOS ENCIERROS TRADICIONALES.
Es de esperar que el año 2003 sea el de la recuperación de los tradicionales encierros paredeños. Los encierros eran consecuencia de los medios de transportes que había en épocas anteriores. La "vacada" brava era "arreada" por las numerosas cañadas que para tal fin existían (muchas de las cuales aun perviven aunque no para este cometido), lo que hacía que la guía y conducción del ganado se hiciese en largas jornadas de duro trabajo.

Los mozos, en este caso los de Paredes de Nava, salían al campo días antes de que el ganado bravo llegase al municipio y en el mismo campo se empezaba a "correr" la vacada para ir acercándola al pueblo. Esto poco a poco pasó a ser tradición y ya los "encierros" empezaron ha celebrarse con cierta organización y como espectáculo taurino. Estos encierros paredeños tenían una particularidad única: si el correr del ganado no era del agrado de los mozos la "carrera" volvía a repetirse.

Pero también las corridas de los toros tenían particularidades muy curiosas como el descanso que se hacía en mitad de la corrida para la "merienda". Apoyemos los "Encierros" y vayamos mejorándoles año a año, esta tradición puede ser el trampolín para una fiesta que ha venido devaluándose en los últimos tiempos.
Subir

Última actualización: 11 Junio, 2004 [ir]

BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN CEA, Juan Carlos. El Mundo Rural Castellano a Fines de la Edad Media "El ejemplo de Paredes de Nava en el siglo XV". Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo 1991.
  • PESCADOR MORAN, Pedro y HURTADO VILLAGRÁ, Manuel. Por los Pueblos. Folklore. Universidad Popular Alfonso VII, Palencia. 1985
  • PESCADOR MORAN, Pedro y HURTADO VILLAGRÁ, Manuel. Norte de Castilla, Edición Palencia. 1986