A pesar de que esta Anunciación no le fue atribuida hasta bien
entrado el siglo XX, y de que ninguno de los viajeros que visitaron
la Cartuja de Miraflores con anterioridad reparó en ella, en
la actualidad es considerada una de las obras maestras del pintor paredeño.
Se ha pensado que sería una obra encargada por Isabel la Católica
para la cartuja en la que se había dispuesto el enterramiento
de su familia (sus padres y su hermano), lo que justificaría
el esmero del pintor en esta obra.Se han apuntado las influencias de
Van der Weyden en la composición (disposición de la estancia)
y sobre todo de Van Eyck, especialmente en cuanto al tratamiento de
los ropajes y de la luz, que juega en esta obra un papel fundamental
para acentuar la profundidad, lo que llevó a Angulo a considerar
que su estudio de la iluminación “... es, sin duda, el más
bello y perfecto que nos ofrece la pintura española anterior
a Velázquez”. La escena se nos muestra a través de
un arco y el artista plantea dos estancias, con una complejidad compositiva
poco habitual entre los pintores castellanos del momento, y permite
ver en sus arquitecturas la convivencia del estilo antiguo, el gótico
imperante aún en la Castilla de los Reyes Católicos, y
el Renacimiento que aún balbucea.
La profundidad de la escena con punto de fuga en el ventanal ajimezado,
tras el que se insinúa con unos árboles el paisaje exterior,
no se consigue sólo con la magnífica alfombra en primer
término, sino que se ve remarcada por el arco de paso entre las
dos estancias, las losetas del suelo y los casetones renacentistas del
techo de la habitación del fondo. Los juegos de luces y sombras
que permiten la puerta y las ventanas laterales de la izquierda contribuyen
también a ello. Además pequeños detalles cotidianos
ayudan a realzar la intimidad de las estancias privadas de María,
como los dos recipientes, uno de cristal y otro de cerámica,
en el anaquel situado sobre el escritorio, o el almohadón sobre
el banco de la izquierda, al fondo.
Los rostros de María y de Gabriel, de serena belleza, recuerdan
los de otras obras de Berruguete, quizás más idealizados
en esta obra. Los ropajes angulosos derivan de la tradición flamenca
tan en boga entonces en el reino de Castilla.
Se ha interpretado que los dos personajes de los medallones del arco
que enmarca la escena podrían ser el pintor y su hijo. Pero si
bien la edad aparentada por el adulto encajaría cronológicamente
con el artista, no así la del hijo en la fecha en que pudo ser
pintado este cuadro por mucho que se retrasase su cronología,
por lo que no creo que hay elementos suficientes para mantener esa teoría.
R. M. G.