La Sagrada Familia es un óleo sobre tabla, de 120 x 81,5 cm,
pintado hacia el año 1500. Formaba parte de un oratorio bifronte
sobre el gozo y dolor de María. El anverso presenta a la Virgen,
el Niño y San José. El reverso estaba dedicado al duelo
del Mesías. Un orificio en el marco permitía colgar la
obra mostrando alternativamente una u otra composición. Entre
1950 y 1959, las dos caras del oratorio se separaron. El Llanto
sobre el cuerpo de Cristo se encuentra actualmente en el Museo
de Cincinatti (Estados Unidos).
Desde el año de su ejecución hasta la década
de 1950, en que salieron de la localidad paredeña con dirección
desconocida, dos pinturas de Pedro Berruguete -de propiedad privada
y transmitidas por herencias sucesivas- completaron el espléndido
legado del pintor (retablos de San Juan y Santa Eulalia) de las obras
conservadas en su pueblo natal.
La escena total se organiza en una composición equilibrada
y tranquila, dominada por la figura de la Virgen y el Niño que
sostiene con el brazo derecho, mientras que con la mano izquierda sujeta
un libro en el que lee (admirable dibujo siempre en Berruguete el de
estas manos y estos libros). El Niño Jesús ofrece una
flor a la Virgen, cuyo rostro delicado subrayan de manera exquisita
una fina diadema de perlas y un velo transparente. Un San José
en plenitud de la edad presencia la escena en un segundo plano, con
una expresión exaltada. Esta cabeza de San José es uno
de los grandes retratos de la pintura renacentista española.
Una ventana enmarca la escena siguiendo la fórmula empleada por
los muralistas italianos del quattrocento. Originalmente la imagen se
acompañaba de la inscripción "Tota pulchra/est amica
mea/et macula/non est in te", un versículo del Cantar de
los Cantares que se asocia al nacimiento de María, en el mes
de septiembre. Al dividirse la tabla, el marco mejor conservado -el
de la Lamentación- se aplicó a la Sagrada Familia.
Abajo, el antepecho es un amplio alféizar donde, al superponerse
los objetos, un cojín, la bocamanga de una amplia vestimenta,
la ilusión de la profundidad es, sin duda, perfecta.
El estilo de Berruguete funde elementos procedentes de las tradiciones
castellana, flamenca e italiana. Se basa en una excepcional aptitud
para el dibujo, que le permite captar a los personajes y trasladarlos
a la tela sin que pierdan naturalidad. El artista modela los volúmenes
con un tratamiento vigoroso de la materia pictórica. Los colores,
nítidos e intensos, contribuyen a definir la forma y la calidad
táctil de las carnaciones, cabellos y ropajes.