Esta obra fue realizada por encargo de Isabel la Católica. Esta
circunstancia se observa en el esmero exquisito que el pintor puso en
su realización.
El Evangelista, en primer plano, es extraordinario y nos muestra a
un Berruguete espléndido, maestro en la representación
humana. El rostro de San Juan, serio y concentrado con una gran naturalidad
en sus rasgos; sus cabellos y barba con esos retoques y realces tan
característicos del pintor paredeño; la túnica,
roja y viva, con unos pliegues que le dan a la figura una gran amplitud
y volumen.
El Evangelista está representado con su atributo, el águila,
que también formaba parte del escudo de la reina Isabel, en actitud
de escribir el Apocalipsis en la isla de Patmos. El paisaje hace mención
precisamente al puerto de esta isla.