Obra posiblemente encargada por el Inquisidor Torquemada, se ajusta
perfectamente a los deseos de un religioso vinculado a la reforma dominica.
El arco de diafragma nos conduce a una capilla que se nos presenta
frontal, con cuatro columnas renacentistas cuyos capiteles pseudocorintios
sujetan las arcadas de una bóveda apuntada. El embaldosado del
suelo sitúa la escena en un interior, con fondo de oro, alejado
del Monte Calvario. El punto de vista muy bajo consigue que el Cristo
mire hacia el espectador.
El cuerpo de Cristo está cubierto por un perizonium menos transparentes
que en otras representaciones del Cristo Crucificado.