Obra relativamente desconocida y que hasta fecha muy reciente no ha
sido atribuida a Pedro Berruguete. Los arcos escarzanos no pertenecen
al original de la obra y tampoco los óculos ovalados (ambos elementos
fueron incorporados en alguna antigua restauración).
Para Silva Maroto, por sus dimensiones, esta obra pudo pertenecer a
alguna predela de retablo, en compañía de San Ambrosio
y San Agustín. San Gregorio con su pronunciado escorzo
cerraría la predela en su lado izquierdo, lleva una capa fluvial
magnífica, ricamente adornada. San Jerónimo está
representado como en otras obras de Berruguete (nos recuerda en su rostro
el San Jerónimo de la catedral de Ávila).
Es de mencionar que al igual que en la otra obra que parece formar
parte de un conjunto (San Ambrosio y San Agustín),
el personaje que cierra predela lleva las manos enguantadas mientras
el que se sitúa en el interior sus manos están desnudas.
También hay que observar que los personajes del interior no miran
hacia el frente, si no que en un leve escorzo dirigen la mirada hacia
el exterior.
Los rostros están fuertemente modelados y nos son familiares
al ser utilizados por Berruguete en otras ocasiones.