El convento dominico de Santo Tomás
de Avila había sido terminado en 1493. Poco después le
fue confiada a Berruguete la tarea de pintar el retablo del altar mayor,
dedicado al santo de Aquino patrón del convento (que permanece
in situ ), y otros dos retablos secundarios. El primero de éstos
narraba historias de la vida de Santo Domingo de Guzmán, y el
segundo de la de San Pedro Mártir de Verona. Precisamente la
tabla objeto de este comentario formaba parte de este segundo conjunto.
Pedro Mártir de Verona fue un fraile dominico que vivió
en el siglo XIII. Nombrado por el Papa Inquisidor General de Milán,
confundió de tal modo a los herejes con sus predicaciones,
que terminó siendo asesinado en un camino por un sicario que
le hundió un cuchillo en el cráneo y le clavó
una espada en el pecho. Antes de morir el santo alcanzó a escribir
en el suelo "Credo in Deum" con su sangre.
El pintor no ha obviado aquí ninguno de los atributos habituales
en las representaciones de este santo. Le vemos de pie, ante un dosel
de brocado, vestido con el hábito dominico, con una ancha tonsura,
el cuchillo clavado en el cráneo y la espada en el pecho. Lleva
en la mano izquierda un libro en el que se lee el Credo, y en la diestra
la palma circundada con tres coronas, símbolos de su martirio,
predicación y castidad.