Esta obra viene de la Iglesia de Santo Tomás de Ávila,
aunque su origen puede proceder de otro retablo. Mediante su amplia
perspectiva logra acentuar el dramatismo de la escena, la quema de
los herejes por el tribunal de la Inquisición.
En esta obra Berruguete va abandonando los valores simbólicos
que podían concretar en unos pocos protagonistas un hecho,
y no ahorra personajes ni anécdotas que le sitúen en
un lugar y en un tiempo determinado. Las calidades intelectuales y
alegóricas del arte italiano se sustituyen por una propensión
muy ibérica a humanizar lo personajes, situándolos en
el ambiente histórico en que se mueven.
El santo se encuentra sobre una tribuna con dosel y está
rodeado por seis jueces, uno de ellos viste el hábito dominico,
mientras que otro sostiene el estandarte del Santo Oficio; otros doce
inquisidores completan el grupo. Hay dos herejes desnudos que ocupan
a la derecha su sitio en la pira mientras otros dos aguardan su turno
al pie de la misma. Los letreros enuncian "condenado herético".
La realidad se plasma con gran precisión y esto viene de la
influencia del Renacimiento italiano. Importante cuadro como estudio
característico de la sociedad castellana del siglo XV.