Este cuadro representa una escena conventual por excelencia. En él
puede apreciarse una descripción viva de un interior conventual.
La disposición de los monjes es totalmente simétrica y
las cabezas de estos frailes son todas individualizadas, todas humanas
y místicas a la vez. Interesante la representación espacial
de esta tabla, con una visión frontal de la profundidad que nos
guía directamente al fondo donde en un altar se encuentra la
imagen de la Virgen con el Niño.
A la izquierda, bajo un arco, algunos fieles son testigos del milagro
de la Aparición de la Virgen, así como el oficiante ,
que de frente al altar y dispuesto a iniciar la procesión, repara
en la aparición. A la derecha otro arco lleva abre la perspectiva
hacia el exterior, donde un fraile sufre la presencia del demonio, y
los grandes ventanales muestran un solitario ciprés.