Pedro Berruguete cuenta este episodio que parece tuvo lugar durante
un proceso que San Pedro Mártir presidio en Milán contra
un clérigo hereje. Esta escena que está representada como
un acontecimiento al aire libre, sobre una rica alfombra en la que está
colocado un pulpito sencillo, del frente de este pulpito cuelga una
tela de brocado de oro. Nuevamente el tratamiento de la luz hecho por
el pintor paredeño vuelve a sorprender, con ese efecto de ocultamiento
del sol, que produce la nube.
Otro punto magistralmente tratado por Pedro Berruguete es esa ciudad,
donde resalta un conjunto de detalles y elementos arquitectónicos
(la puerta de la iglesia, la amplitud que se adivina en la plaza que
se encuentra al fondo, donde la intensa luz nos muestra edificios y
soportales claramente identificables con muchas ciudades y villa castellanas
de la época.