En la hoguera arden los
libros heréticos, mientras el católico se mantiene en
el aire. En primer término, hombre que arroja tomos al fuego,
y otro lo atiza; detrás, el Santo con un fraile y varias personas;
a la derecha, grupo de albigenses.
Esta tabla y sus compañeras,
con otras tres perdidas, proceden del claustro alto de Santo Tomás
de Ávila, y seguramente en su origen formaron los retablos dedicados
a Santo Domingo y San Pedro Mártir de Verona.