Una de las mas arriscadas dificultades que se presentan al estudiar
las obras de Pedro Berruguete es el ordenarlas cronológicamente.
Radica esta dificultad, principalmente, en una unidad de estilo tan
férrea como la psicología de sus personajes. Es complicado
encontrar, a lo largo de la abundante producción que ha llegado
hasta nosotros una línea evolutiva, unas adaptaciones al gustos
de los tiempos que permitan seriarlas estilísticamente. Su
viaje a Italia, que lógicamente deberían de acentuar
las notas renacientes de su estilo, no rompe en dos su producción
artística como ha sucedido en casi todos los artistas que han
tenido semejante experiencia. Quizá a su vuelta de Italia sus
personajes hayan adquirido mas nobleza y plenitud a su humanismo.
Por todo ello, definir las obras del Berruguete antes de su partida
a Italia y las posteriores a esta vuelta resulta un tanto complicado.
Junto con otros pintores, entre ellos Juan
de Borgoña, Pedro Berruguete intervino en otra
de las grandes empresas pictóricas que se hicieron en la catedral
primada en los años finales del siglo, la del claustro, iniciada
en tiempos del Cardenal Mendoza. Después Pedro Berruguete participó
también en la pintura de los muros. En febrero de 1500 Pedro
Berruguete ejecutó el tablón de la Esperanza para el
sagrario, desde ese año el paredeño pierde protagonismo
en la sede de Toledo. Los últimos veinte años, aproximadamente,
del artista estuvo en Castilla, sobre 1483-1503, recorriendo villas
y ciudades para dejar impreso su arte excepcional: es cuantiosa la
cantidad de tablas que en la actualidad se atribuyen a Pedro Berruguete.
Trabajo en su tierra natal de Paredes de Nava y en la provincia
de Palencia, en Burgos y provincia, Ávila, Segovia, Granada,
Madrid, etc. Y a lo largo de toda esta extensa geografía fue
dejando obras de auténtico arte: Anunciación de la Cartuja
de Miraflores; Bautismo de Cristo y Decapitación del Bautista
en Santa Maria del Campo, un maravilloso San Juan en Patmos para la
Capilla Real de Granada, el Auto de fe, actualmente en el museo del
Prado de Madrid; los seis reyes de la predela del retablo de Santa
Eulalia de Paredes de Nava, etc.
En sus talleres iniciaron su formación diversos artístas
(Alonso e Inocencio Berruguete, Maestro de Paredes -José González
Becerra ?-) y su estílo artístico creo escuela, aparte
del influjo capital como introductor de las novedades del renacimiento
cuatrocentista.
Este artista después de su muerte rápidamente paso
a un segundo plano (entonces la pintura era un arte menos considerado
que la escultura o la arquitectura) con el sobrenombre de "Berruguete
el Viejo", sombreado por el genio artístico de su
hijo Alonso Berruguete. En la actualidad ha recobrado todo el protagonismo
que nunca debió de perder y es muy numerosa la bibliografía
que sobre Pedro Berruguete se ha escrito desde el primer tercio del
siglo XX